La importancia de tener una rutina

Para llegar a cumplir un objetivo hay que esforzarnos y encontrar la mejor manera de llegar a él. Sin una rutina, durante un solo día podríamos tomar cientos de decisiones, el estrés y la ansiedad incrementarían por no tener un rumbo claro de lo que tenemos que hacer, es por esto que construir una rutina puede quitar algo de presión y ayudarnos a tener más claras las acciones que tomaremos para lograr lo que nos propongamos.

Pongamos un ejemplo: el objetivo es bajar de peso 5 kg en un mes, para lograrlo hay que establecer una serie de pasos a seguir:

  1. Quemar más calorías de las que consumo ejercitándome 30 minutos diarios.
  2. Consumir menos y mejores calorías incluyendo más frutas y verduras en mi alimentación diaria.
  3. Hidratarme mejor tomando 2 litros de agua al día

Cada uno de estos puntos requiere en sí mismo que se establezcan rutinas, que con el tiempo se convertirán en hábitos.

¿Cuál es la diferencia entre una rutina y un hábito?

La rutina la establecemos de manera consciente; el hábito es ya una actividad inconsciente que realizamos.

Dado que la rutina está hecha de hábitos, cambiar tu rutina es la mejor manera de formar nuevos hábitos. Crear una rutina puede requerir atención, pero una vez que te acostumbras a ella, se convierte en una secuencia de acciones inconscientes o automáticas.

¿Cómo hacer una rutina?

Comienza escribiendo todas las cosas que necesitas hacer, luego ordénalas por prioridad o urgencia. La clave es mantenerse ocupado, pero hacer tiempo para tus comidas y cuidado personal.

Recuerda ser realista con la cantidad de cosas que puedes lograr en un día. Si tratas de hacer demasiado y no lo logras, puede que te desanimes y te des por vencido. Dividir tus deberes en tareas más pequeñas puede ayudarte a mantener tu día ocupado.

No importa qué tan básica nos parezca la rutina, hay que ir poco a poco y en la medida de nuestras posibilidades. Esto no quiere decir que ahí nos vamos a quedar, una vez que esa rutina se haya convertido en un hábito que realicemos sin mayor esfuerzo, es momento de establecer el siguiente objetivo con sus rutinas correspondientes.

Los especialistas en el tema sugieren empezar con horarios fijos para hacerlo, recordemos que lo que no es medible, no es mejorable.

Ventajas de tener una rutina

  1. Nos dan la sensación de estar en control de nuestra vida.
  2. Ayudan a sobrellevar los cambios, el estrés y la salud mental de una manera positiva.
  3. Nos dan estabilidad.
  4. Ofrecen un mapa a seguir.
  5. Promueven hábitos positivos.

Tal vez sea este último el más importante, pues si establecemos rutinas que nos llevarán hacia objetivos positivos en nuestra vida, al repetirlas lo suficiente hasta hacerlas un hábito, esto ya se vuelve parte de nuestro día a día.

¿Cómo evoluciona una rutina?

En primer lugar, haciéndola un hábito, como ya dijimos. Esto no significa que debamos ceñirnos a una rutina cuando empezamos a sentirnos estancados, ya que resulta contraproducente, aprender a ajustarnos y basarnos en nuestras rutinas es un punto de crecimiento necesario. El cambio es parte de la vida y las rutinas deben ir evolucionando con el tiempo.

Por ejemplo, tal vez ya llegamos al peso y condición física que esperábamos este año y ya es un hábito dormir bien, comer de manera adecuada y ejercitarnos. A lo mejor en ese mismo sentido, el objetivo ahora es competir en un deporte o iniciar una rutina también de cuidado de la piel, por ejemplo, así con todos los objetivos que nos pongamos enfrente.  

Recordemos que contar con una rutina nos ayuda a combinar los distintos aspectos: familiar, social, escolar, laboral, tiempo libre, intereses, curiosidades y poder aprovechar nuestro día a día de tal manera que lo vivamos como una satisfacción. Por supuesto, a diario existen responsabilidades y obligaciones ¡combinémoslas con pequeñas cosas que nos aporten energía y felicidad!

Intentemos hacer lo difícil un poco más fácil y no hagamos que lo difícil nos resulte más difícil por no dejar tiempo para lo que nos beneficia a diferentes niveles.

En Henco te recomendamos empezar hoy mismo creando rutinas para varios días de la semana hasta un mes entero, no te sientas mal si te sales del horario, puedes intentar otra vez mañana, ¡el punto de una rutina es mejorar tu vida!

Cuéntanos que te pareció el tema y en qué aspectos puedes involucrar una rutina para mejorar tu vida.

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Desarrollo personal: La proactividad

Ser proactivo quiere decir que tomas la iniciativa para hacer lo que sea necesario para que sucedan las cosas que deseas. Significa que tomas las riendas y que eres la fuerza creativa de tu propia vida. Eres quien diseña tu vida y eres consciente de que la mejor manera de planear tu futuro es crearlo tú mismo. La clave es tomar responsabilidad e iniciativa y decidir de qué trata tu vida y priorizar las cosas más importantes para conseguir tus objetivos.

Tomando en cuenta como reaccionas ante diversas situaciones del día a día, ¿te consideras una persona proactiva o reactiva? ¿asumes el control de tu vida o dejas que otros la controlen?

Cada persona tiene una forma particular de actuar o sentir ante los diferentes estímulos o retos que se nos presentan, a continuación, te explicaremos más a detalle las diferencias, pero primero entendamos:

¿Qué es una reacción?

La reacción es una conducta que tomamos ante un estímulo especifico, por ejemplo, nuestras emociones en el público ante un cantante o conferencista o la actitud que adoptamos al encontrarnos en un embotellamiento de tráfico camino a casa, por mencionar algunas.

En base a nuestras reacciones podemos definir a 2 tipos de personas, proactivas o reactivas.

¿En que se basa la proactividad y qué es la reactividad?

La proactividad conlleva la capacidad de ser responsable y de elegir la respuesta a los acontecimientos que nos suceden a lo largo de la vida. La capacidad de responder con responsabilidad, de subordinar los impulsos, sentimientos, condiciones, etc, a valores basados en principios.

Estas personas tienen claros sus objetivos y generan acciones para lograrlos, comunican a su entorno de manera asertiva: como se sienten, que opinan y que necesitan para cumplir con sus actividades.

Lo contrario a la proactividad sería la reactividad. Ser reactivo es hacer que tu vida sea producto de tus sentimientos, de tus estados de ánimo, de tus impulsos, o de cómo te trata la gente. 

Las personas reactivas necesitan un impulso externo constante para trabajar, la mayoría del tiempo su bienestar depende de si su entorno está bien o mal, tienden a quejarse verbalmente pero no ejecutan ninguna acción al respecto.

¿Por qué nos beneficia ser proactivos?

Porque nuestra vida será producto de nuestras propias decisiones y no de nuestras condiciones, es decir, cuando asumimos la responsabilidad personal en todas las facetas de nuestra vida y no las delegamos a nadie generamos conciencia de reconocer que esas responsabilidades son propias y así podemos trabajar en ellas.

Con la práctica desarrollaremos la capacidad de manejar las dificultades que se nos presentan y adquiriremos mayor rapidez en trabajar la proactividad.

Tenemos que aprender a escoger nuestra actitud y la respuesta ante cualquier circunstancia, la respuesta a los estímulos influenciará a los nuevos estímulos con el tiempo y tus pensamientos crearan una nueva realidad.

Si deseamos modificar nuestro tipo de pensamientos, y acercarnos cada vez más a un estilo proactivo; debemos empezar observando cómo nos hablamos, ¿usamos un lenguaje pasivo o activo?

Si es pasivo, cámbialo, y comienza a hablarte de manera más positiva, sustituye “todo va fatal” por “haré todo lo que pueda por cambiar la situación”; prueba a decirte “puedo mejorar” en vez de “yo soy así”; o cambia el “me desesperas” por “no dejaré que me arruines el día”, etc.

¿Cuáles son las características de las personas proactivas?

  • Buscan constantemente el mejor camino y las herramientas necesarias para superarse tanto en su contexto personal como profesional y laboral.
  • Son responsables de sus actos y de las decisiones tomadas.
  • Son personas capaces de trabajar en equipo, aportar ideas y soluciones.
  • Buscan nuevos retos y oportunidades.
  • Las personas proactivas no esperan a que llegue una solución porque trabajan y se enfocan en alcanzarlas sin tener que esperar por terceros.

¿La proactividad se puede desarrollar?

Si, se trata de un proceso de crecimiento personal, por lo tanto, requiere de tiempo, evaluación, análisis y perseverancia. La proactividad es la llave que nos abre todas las puertas de un mundo de posibilidades.

Hay cosas sobre las que podemos influir o controlar y otras sobre las que no tenemos control alguno. La persona proactiva se enfoca solamente en las cosas que se pueden controlar.

Recuerda que tenemos el poder de escoger la respuesta ante cualquier circunstancia y el valor de tomar la iniciativa y actuar sobre nuestra consciencia, esta es la esencia de la proactividad.

Debemos de asumir la responsabilidad personal, y entender que no podemos cambiar las circunstancias externas, pero si podemos cambiarnos a nosotros mismos. Si tomamos las riendas de la responsabilidad podremos desarrollar la ambición de conseguir nuestros sueños.

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¿Cómo aumentar tu productividad al máximo?

La vida diaria impone presiones y ritmos de trabajo que detonan el estrés de nuestros colaboradores, contar con buenos hábitos y saber ordenar los procesos rutinarios son parte importante que contribuyen al bienestar y la estabilidad aligerando la carga de trabajo.

Algunos cambios simples pueden ayudarte a mejorar tus labores, te compartimos 6 tips que te ayudarán a sobrellevar mejor la carga de trabajo:

Checklist para el día siguiente: Organiza con notas o recordatorios lo que no puedes posponer o dejar pasar mañana, calcula los tiempos aproximados que te tomará realizar cada actividad y prioriza las tareas. Debes resaltar los logros del día e incluir lo que te falto o lo que pudo salir mejor. Dale orden hoy a lo que puedes hacer mañana.

Aprende a destacar y prioriza: Debes de clasificar tus actividades y descartar lo que no es importante en el momento. Aprende a decir “no” y administra tu tiempo, de esta manera autoimpones, cumpliendo tus plazos en la entrega de algún proyecto o actividad importante.

Enfócate y desconéctate: Debes encontrar tu ritmo de trabajo, controlarlo y regularlo, así sea de trabajo o de relajarse es lo mismo. La cuestión es que encuentres un balance y la oportunidad de saber distinguir donde termina uno y comienza el otro. Las rutinas se pueden volver divertidas o menos complicadas si le pones entusiasmo.

Descansos y entrenamientos: Todos necesitamos un break para recuperarnos y volvernos a enfocar en el trabajo pero esto no quiere decir que dejemos de trabajar, si no que puedes romper la escena para checar tus cosas personales, relajarte, intercambiar ideas, cambiar el enfoque de la actividad, ajustar postura entre muchas otras, el propósito es recargar tus baterías para continuar con más energía.

Organiza tus juntas de trabajo: No hagas una reunión sin un plan, preparación, agenda y propósitos claros esto te ayudará a definir más rápido los temas a tratar más urgentes y darles resolución a la brevedad.

Cuida tus percepciones ambientales: Selecciona el tipo de música adecuada, cuida el orden de tu oficina, automóvil, ajusta tus tiempos de traslados, etc. Parece algo sin importancia pero no lo es, todos los estímulos que recibes detonan o afectan tus niveles de estrés. Nuestros sentidos son canales de contacto con el medio ambiente, lo que vemos, oímos, sentimos, olemos y tocamos nos estimula de manera positiva o negativa.


Es necesario que sepas controlar lo que percibes y no dejar que aspectos de la rutina cotidiana te invadan y afecten al grado que se conviertan en un obstáculo para tu rendimiento.

Aprende a cambiar la página, comenzar de nuevo y abrirte a nuevas ideas. En este presente la vida requiere de más tolerancia, equilibrio, flexibilidad y llevársela con calma. Ve a dormir en paz, cierra el ciclo; y comienza de nuevo.